09Jul

Desde pequeñitos conformamos el paladar

Desde pequeñitos conformamos el paladar

Cuando nacemos nos alimentamos de la leche materna y o de los biberones que nos preparan. Después comenzamos a tomar purés: primero de verduras, y a medida que va pasando el tiempo les vamos incorporando nuevos sabores como las carnes, los pescados y los huevos. Pero todo es soso, ya que prescindimos de la sal y las especias.

Así vamos probando todos los alimentos, unos detrás de otros, según nuestro pequeño estómago se va desarrollando y nos va permitiendo la introducción de alimentos cada vez más completos.

A partir del momento en que cumplimos los dos años, y admitimos prácticamente todo tipo de elaboraciones, comienzan los problemas. A veces son los niños los que una y otra vez se excusan diciendo “esto no me gusta”, “que asco”, “esto no lo quiero”, y un sin fin de frases para evitar todo aquel alimento que no les entra por los ojos.

En otras ocasiones, somos los padres los que por comodidad, por falta de tiempo, costumbre o preparación, comenzamos a simplificar las comidas diarias.

Normalmente empezamos por abusar de la comida preparada y de los fritos y olvidamos incluir en la dieta las verduras y hortalizas. Si esta situación se prolonga, el niño se acostumbra a los sabores mucho más sabrosos que proporcionan ese tipo de alimentos y no querrán comer verduras, ya que estás debemos reconocer que tienen un sabor algo insípido y demasiado natural para el paladar que ya hemos maleducado.

Si pensamos un poco, en cuanto nuestro paladar prueba las grasas, sobre todo las animales, se acostumbra rápidamente a su sabor y siente en seguida rechazo por todos aquellos platos que sean más sosos y menos jugosos.

Por ello, desde que los niños comienzan a tomar de todo, no hay que descuidar que cada plato, sea cual sea su género, siempre debe ir acompañado de una variedad de hortalizas, preferiblemente frescas. Aunque las verduras en conserva y las congeladas nos van a dar un gran juego a la hora de combinarlas con cualquier elaboración que realicemos.

De esta forma conseguiremos que no disocien tanto los sabores y se acostumbren a comer de todo.

No debemos olvidar que una buena guarnición siempre es un complemento para el plato principal y no hay mejor acompañante para una carne, un pescado, un arroz, una pasta, un plato de huevos, etc, que una hortaliza. No solo por su aporte de sabor, aroma y color, si no por lo más importante, por todos aquellos nutrientes que tienen y que de otra manera nuestro cuerpo jamás será capaz de recibirlos, dada la imposibilidad de que sean sintetizados.

Un buen ejemplo de todo lo que he comentado sería poner un filete empanado acompañado de unas patatas y unas zanahorias de bonduelle salteadas levemente con un poquito de aceite de oliva y perejil.

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