Dieta flexitariana, vegetariana o vegana. Estas son las palabras que usamos cuando queremos reducir o eliminar el consumo de productos de origen animal. Te presentamos las claves de estas dietas y te presentamos algunas sugerencias gastronómicas para empezar a seguirlas.

¿Qué es la dieta flexitariana?

La dieta flexitariana consiste en el consumo ocasional de carne, pescado, lácteos, huevos y queso. Aunque la mayoría de las comidas es igual a la dieta vegetariana, se da preferencia a la calidad antes que a la cantidad y solo se consumen productos animales de vez en cuando (en el restaurante, en comidas con amigos, etc.). 
La dieta vegetariana es rica en fruta y verdura, cereales, legumbres, semillas y frutos secos, pero elimina totalmente el consumo de carne y pescado. Aun así, se mantienen algunos productos de origen animal como los huevos, la miel, la leche y derivados. Se trata de una dieta muy antigua y está presente en muchos países, como la India, por motivos religiosos.
En cuanto a la dieta vegana, se compone al 100% de productos de origen vegetal y excluye todos los productos de origen animal de las comidas, así como de otros productos de uso diario. Eso significa nada de huevos, miel o lácteos en las comidas y nada  de cuero, lana o cera para la ropa y los cosméticos. Se trata tanto de una dieta como de un estilo de vida.

Esta variedad de dietas tiene su origen en motivaciones religiosas o éticas (contra la explotación animal), el deseo de reducir la huella de carbono (la ganadería es responsable del 15 % de las emisiones de gases de efectos invernadero, según la FAO), la preocupación por el bienestar y la salud personales (reducir el consumo de productos de origen animal reduce el consumo de grasa animal), etc. En definitiva, los motivos para seguirlas pueden ser ecológicos o personales.

¿Cómo se aplican en el día a día?

A muchas personas les preocupan las deficiencias alimentarias relacionadas con una dieta vegetariana. ¡Pero la carne no es el único alimento que contiene proteína y hierro! Consumiendo distintas fuentes de proteína vegetal obtenemos todos los aminoácidos esenciales de las proteínas. Por ello, resulta fundamental llevar una dieta variada para multiplicar las fuentes de nutrientes. Para las proteínas de origen vegetal, se recomienda combinar los cereales y las legumbres a lo largo del día o en el mismo plato: chili (sin carne) y arroz, semolina y garbanzos (en un cuscús vegetal), maíz y judías rojas como en estos tacos... Son combinaciones tradicionales que ya están presentes en especialidades de todo el mundo. En cuanto a la deficiencia de hierro, la diferencia está en la propia naturaleza del mismo: el que está presente en las verduras es más difícil de digerir que el de la carne. Las legumbres, el tofu, la quinoa y los cereales contienen una cantidad importante que se absorbe más fácilmente si se combina con vitamina C. De ahí la necesidad de comer fruta (cítricos, kiwis, frutos rojos...) y verduras (por ejemplo, pimientos, especialmente ricos en vitamina C, sin olvidarnos del brócoli): las ensaladas repletas de colores y los smoothies cargados de vitaminas son siempre una buena idea.

El consumo de huevo y lácteos previene la deficiencia de vitamina B12, que solo está presente en productos de origen animal. Es la única vitamina para la que los vegetarianos deben tomar suplementos. Algunas personas deciden llevar una dieta vegetariana para reducir el riesgo de enfermedades (cardiovasculares, por ejemplo), debido, entre otras razones, al mayor aporte de fibra y a la ingesta reducida de grasas animales.
Aquellos que llevan una dieta flexitariana comen muchos platos vegetarianos y veganos, como falafel o croquetas de lentejas, mientras cuidan de los ingredientes de sus platos, el planeta y su salud. Es mucho más que una dieta, es una forma de ver el mundo.